Vivir en un entorno laboral interconectado nos invita a mirar más allá de la eficacia inmediata y a preguntarnos qué tipo de atmósfera emocional y relacional llevamos a nuestras reuniones diarias. ¿Cómo lograr que cada encuentro sea más consciente, colaborativo y humano? Creemos que la clave está en la presencia global, un modo de estar que reconoce el impacto de cada palabra, gesto y silencio en el grupo y, por extensión, en el tejido global al que todos pertenecemos.
¿Qué es la presencia global y por qué es relevante en reuniones?
La presencia global es la capacidad de estar íntegramente presentes en una reunión, atentos no solo a las palabras, sino al contexto, las emociones colectivas y el impacto de nuestro actuar en la totalidad del grupo y sus relaciones. No se limita a estar físicamente, sino a participar de forma ética, empática y reflexiva, conscientes del sistema que creamos juntos.
En nuestra experiencia, cuando llevamos esta actitud a las reuniones diarias, los efectos se notan: el clima es más estable, las decisiones se toman con mayor tranquilidad y el respeto mutuo aumenta. Ya no somos meros ejecutores de tareas; somos generadores de campo humano.
Preparando la mente y el entorno antes de una reunión
El primer paso para aplicar la presencia global es la preparación previa. No se trata solo de repasar la agenda, sino de crear condiciones internas y externas adecuadas.
- Respirar unos minutos antes de entrar, dejando atrás preocupaciones o emociones que no sean necesarias para el encuentro.
- Revisar la agenda y conectar con la intención más amplia: ¿qué queremos construir juntos hoy?
- Organizar el espacio físico, evitando distracciones e interrumpiendo notificaciones.
Nuestras preparaciones mentales influyen directamente en la calidad de las interacciones.

Durante la reunión: prácticas para cultivar presencia global
Una vez iniciada la reunión, aplicar la presencia global exige ciertos hábitos que pueden convertirse en normas cotidianas. Algunos de los más eficaces son:
- Comenzar con un momento breve de silencio. Esto centra la energía del grupo y señala que la reunión importa, que cada persona es valiosa y que hay un espacio común seguro.
- Escuchar activamente, sin interrumpir, y procurando comprender el trasfondo emocional de lo que se dice.
- Observar el ambiente y las dinámicas grupales. Preguntarnos: ¿Hay alguna tensión no dicha? ¿Quiénes participan poco o nada?
- Intervenir con respeto, reconociendo aportes y ajustando el tono según el estado anímico colectivo.
- Recordar que las decisiones afectan al grupo y, en muchas ocasiones, a realidades fuera de ese espacio.
El silencio también puede ser la mayor muestra de presencia.
Gestión consciente de los conflictos
Cuando surge un desacuerdo, intentamos abordarlo siguiendo estos principios:
- Buscar el sentido detrás de la postura del otro.
- Visualizar la “ganancia común” más allá de los intereses inmediatos.
- Evitar personalizaciones o juicios rápidos.
Transformar los desacuerdos en oportunidades de crecimiento colectivo es parte central de la presencia global.

Las emociones colectivas y la empatía sistémica
Uno de los aspectos que más cuidamos en la presencia global es la gestión emocional. No solo importan las emociones individuales, sino las que afloran en el colectivo. Por ejemplo, si notamos inquietud, proponemos una pausa. Si hay entusiasmo, damos espacio a la creatividad y la espontaneidad.
Sentir cómo está el grupo sin prejuzgar, y responder con sensibilidad, marca la diferencia entre equipos que solo cumplen y equipos que se transforman juntos.
La empatía sistémica nos invita a ver más allá de las emociones propias e integrar el sentir común.
Finalizando la reunión con conciencia
La manera en que cerramos una reunión es tan significativa como el inicio. Sugerimos dedicar unos minutos a:
- Sintetizar lo acordado de manera clara, evitando malentendidos futuros.
- Agradecer las contribuciones y abrir espacio para alguna breve retroalimentación.
- Invitar a la reflexión sobre el proceso: ¿cómo nos sentimos? ¿qué aprendimos sobre nosotros como grupo?
Cerrar una reunión con gratitud siembra confianza para el próximo encuentro.
¿Cómo cultivar la presencia global de forma sostenida?
A lo largo de nuestra trayectoria, hemos observado que la presencia global se fortalece a través de ciertas prácticas cotidianas:
- Desarrollar la autoconciencia, detectando cuándo nos perdemos en pensamientos, y volviendo al aquí y ahora del grupo.
- Promover la curiosidad: preguntar antes de afirmar, escuchar antes de responder.
- Crear redes de apoyo donde podamos compartir dificultades personales de forma segura.
- Establecer rutinas sencillas, como iniciar la semana con una pregunta que invite a la presencia, o cerrar el viernes haciendo una ronda de percepciones sobre el clima grupal.
No esperamos lograr un cambio drástico de un día a otro. Lo que sí podemos es construir, con perseverancia y respeto, un nuevo tipo de espacio laboral.
Conclusión
Aportar presencia global en reuniones diarias es mucho más que una técnica puntual. Es un compromiso genuino con el bienestar común y la responsabilidad compartida. Cuando somos verdaderamente conscientes en cada encuentro, cambiamos primero nuestro entorno inmediato, y luego, poco a poco, reflejamos ese cambio en el tejido global
Desde nuestro punto de vista, cada reunión es una oportunidad para construir relaciones sanas, decidir desde la madurez emocional y responder a los desafíos de una humanidad interconectada. La presencia global no solo da frutos, sino también sentido. Cuando aplicamos presencia global, incluso lo más cotidiano puede transformarse en un acto colectivo de conciencia y humanidad.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la presencia global en reuniones?
La presencia global en reuniones significa estar plenamente atentos al proceso grupal, considerando tanto el contenido como las emociones y el impacto de nuestra participación en el conjunto. Implica escuchar, conectar y responder desde una visión ética y humana.
¿Cómo aplicar la presencia global en el trabajo?
En nuestra experiencia, podemos aplicar la presencia global en el trabajo cuidando la preparación mental y física antes de cada encuentro, escuchando activamente, gestionando las emociones colectivas y cerrando con conciencia. Se trata de convertir cada interacción en una oportunidad de conciencia y relación auténtica.
¿Para qué sirve la presencia global diaria?
La presencia global diaria sirve para construir ambientes laborales más humanos, colaborativos y éticos, donde las decisiones dejan de ser meramente funcionales y se orientan al bienestar colectivo y al respeto por las diferencias.
¿Cuáles son los beneficios de la presencia global?
Los beneficios de la presencia global incluyen una mejora en la calidad de las relaciones, mayor claridad en la toma de decisiones, reducción de tensiones innecesarias y un sentido renovado de propósito común. El grupo se fortalece y genera confianza a largo plazo.
¿Es difícil mantener presencia global siempre?
Mantener presencia global de manera constante puede ser desafiante, porque requiere autovigilancia y práctica. Sin embargo, cuanto más nos ejercitamos en ella, más natural se vuelve. No se trata de perfección, sino de compromiso con la mejora continua.
